miércoles, 20 de febrero de 2008

Semana V: La fiesta del chivo

Habíamos dejado a nuestro sin par héroe ante la encrucijada de su vida, por fin estaba frente a frente a la rubia amazona que embotaba sus sentidos y sin duda los ojos de ella le conminaban a hacer algo. Intentó hacerse el gracioso invitándole en inglés a una copa, pero entre el ruido ambiente y que la muchacha llevaba un mundito de alcohol a cuestas, no le entendió. Así que tomó una decisión que marcaría su destino para siempre: la estrategia Robson. La cosa fue muy sencilla, Rummeo, aprovechando el ruido de la discoteca (gran parte del mismo provenía de una irritante risa de hiena originada sin duda de la garganta llena de pelo de Chico Perro, algún día tendría que sacrificar al animalito), le empezó a hablar al oído y cuando ella se giró para hablarle, nuestro aguerrido héroe hizo lo propio, de modo que sus labios se tocaron un instante para acto seguido abrirse y dejar que la pasión, el alcohol y la ansiedad hicieran el resto. Joder qué fue aquello, las morcillas de Burgos eran más finas que la barbacoa que se le puso a Rummeo en el pantalón. La chavala lo empeoró al meterle las manos por dentro de la camiseta y radiografiarle el cuerpo de arriba abajo. Cuando ya tenía le merienda a punto de ebullición notó un ligero pellizco en un costado, seguido de una lluvia de arañazos, deditos de gordo enano pinchándole y demás molestias por todo el cuerpo. El grupo de amebas reprimidas al que él llamaba amigos estaban haciendo honor a la máxima grupal: “pillar no es una opción si no soy yo el que pilla”. Y en ese momento el sueño se acabó. Lo que se sucedió a continuación fue una caravana de horrores tal, que no se recordaba cosa igual desde que la familia Aragón actuaba al completo. Qué infierno tan blanco dentro de un bar…. Uno siguió pellizcándole, esta vez en el culo, mientras otro le hacía limaquillos y le preguntaba al oído si pensaba meterla esa noche. Otro se fue al baño a traerle todo tipo de aberrantes condones: de sabores, estriados, liofilizados y pasteurizados al baño María (todos tamaño mini picha claro está). La rubia de los morritos inflados, aunque estuviera profundamente cautivada por la gallarda presencia física de Rummeo no fue capaz de asimilar lo que sus ojos habían visto. Sus amigas (hagamos memoria: Pai-Pai, la niña que una vez se la vio con ropa y la giganta de Mallabia) la sacaron a tiempo antes de que la entraran todos en cadeneta. Una cosa es que Rummeo no pillara y otra que no lo hicieran ellos, máxime cuando a esas alturas les daba igual arre que so.

Aún y con todo, Rummeo ,gracias al poder ganado con las copas de ron fue capaz de obtener el número móvil de la muchacha. De este modo pudo citarse en una fiesta que iban a celebrar con motivo del cumpleaños de otro integrante del grupo calavera: el singular Amorfo. Amorfo y Sanguijuela son dos hermanos con unas cualidades físicas que harían las delicias del Dr. Moreau en su isla de hombres bestias. El primero es un metamorfo de primer nivel aunque sólo sea capaz de variar el tamaño de su tripa. Por momentos puedes pensar que es un chico normal e incluso delgado, quizás el bigotón quiceañero cuando ronda la treintena le de un cierto aire estúpido y retrasado pero si no te fijas mucho puede colar como ser humano. Mucho cuidado de despertar su furia, porque entonces es capaz de aumentar su perímetro estomacal hasta sobrepasar el final de los dedos de los pies. Ojito a que empiece a estirarse camisetas, que tengan más que 15 años y 500 lavados, porque entonces no hay fuerza en la tierra capaz de detenerlo. Actualmente se ha vomitado a sí mismo después de que una furiosa diarrea le obligara a llevar un patito de goma pegado al trasero, dado que sus nalgas rondaban los 200º Celsius en todo momento. La fábrica de Roca estuvo muy al borde de la quiebra ante los desperfectos que dejaba el caballero. Su otro pseudónimo es “rayita de canela” por el estado en que dejaba los chelos.

Su hermano Sanguijuelas no asistiría a la fiesta pero creo que es necesario decir unas pinceladas sobre este muchacho. El amigo es la única persona viva capaz de caminar 600 kilómetros al día con los pies en carne viva y con unos huesos que aportan el 90% del peso corporal. Se rumorea que, aprovechando su descomunal tamaño, usa el dedo gordo del pie a modo de clip para llevar el bocata de la merienda y que si se lo propone puede morderse los padrastros hasta el hueso sin morir desangrado. Su cariñoso apodo deriva de unas sanguijuelas que se pone en las plantas de los pies por las noches, siembre bajo condiciones extremas. Haga viento, nieve, granice o lluevan ranas, la ventana de su dormitorio tiene que estar abierta y su sábana jamás puede cubrirle más allá de la pantorrilla. Si tiene hambre y está asustado atacará lo primero que vea, sea hombre, animal o Meissner, no tiene piedad ni pituitaria, se la arrancó una tarde de asueto.

Un consejo, si os encontráis a uno de estos dos protohumanos corred, corred como nunca lo habéis hecho y no miréis jamás atrás. Si tenéis algo comestible aunque sea una manzana mordida, una raspa de pescado o incluso un padrastro a medio mordisquear, lo mejor es que lo tiréis bien lejos a un lado, quizás os salve la vida.

Volviendo al tema que nos ocupa, la fiesta iba a ser una oportunidad importantísima para poder seguir entablando relación con la rubia del pelo electrificado y sus amigas saltimbanquis.

Los nervios de la semana eran difíciles de resistir y las preocupaciones de nuestro héroe eran abundantes. Por un lado, estaban los niños desnaturalizados de sus amigos, cuya imprevisibilidad era sobradamente conocida. Por el otro, la rubia dipsómana amenazaba con traer más criaturas de la noche, todo era por tanto muy incierto pero nada de lo que nuestro amigo hubiera imaginado le habría preparado para la cruda realidad.

La fiesta fue un festival del horror que habría hecho las delicias del mismísimo Chiquetete. La consigna era bastante clara, intentar pillar antes de que pillen los demás sin que importara mucho el aspecto físico o mental de la presa. La muchacha de la sesión fotográfica permanente, se gano el premio de “ONG andante” al enrollarse con un fulano que tenía que subirse a un taburete para hablar con ella y que la última vez que usó un peine lo compartió con Papel Cebolla (duelo de calvas al viento bastante espectacular). El muchacho estaba como si le hubiera tocado la lotería en ese momento pero lo más extraño es que ella también parecía contenta con la presa capturada. Mientras los demás vaciábamos nuestros estómagos en una bolsa de papel, ellos se entregaban a un lengüeteo fuera de sus bocas que habría hecho vomitar al mismísimo Rocco Sifredi, apestaron muchísimo.

Por su parte, el amigo Amorfo se dedicó a bailar de una manera bastante ambigua. Las chavalas pensaban que era retrasado mental y/o maricón perdido mientras los tíos nos lamentábamos de pertenecer al mismo género que semejante individuo. Un tiburón de cuidado que también consiguió pillar con una tía que media 2,15 de rodillas y tenía más pelo que el Oso Yogui. Vergüenza ajena a raudales.

Otro personaje peculiar de la fiesta, fue un chiquito al que nadie parecía conocer y cuyos brazos no le llegaban a los bolsillos de los pantalones. Sin duda necesitaba asistencia para orinar y no está del todo claro como se las arreglaba con sus aguas mayores. Estuvo olisqueándose con Chico Perro durante un rato para desaparecer del mismo modo en que apareció.

En medio de ese maremagno de infamia eterna, Rummeo seguía con su acercamiento a Ms. Morritos inflamados, tratando de no perderla de vista. Así fue como descubrió que no sólo él tenía poderes sobrehumanos, esa muchacha también era capaz de maravillas imposibles de creer. Para empezar, tenía la capacidad mágica de hacer desaparecer las copas al mismo tiempo que las sacaban de la barra. Tan pronto el vaso llegaba a su mano, te lo devolvía vacío en un instante con lo hielos aún tintineando. No le importaba mucho si la copa era suya, tuya o incluso del vecino, su radar interno le permitía saber la ubicación exacta de las copas en un radio de 5 metros con lo que era capaz de cogerlas sin tener que mirar (probablemente es el mismo radar que le facultaba para fichar a cualquier tipejo con calcetines metidos en la bragueta que rondara a su alrededor). Muy reseñable también era su super ventriloquia, la cual le habilitaba para fumar a dos manos, beber copas de trago y hablar sin parar al mismo tiempo.

Rummeo, por supuesto, se encontró aún más fascinado si cabe ante semejante mujer y justo cuando iba a volver a atacar cual zorro a su conejito, apareció en la fiesta alguien inesperado….

¿De quién se trata?
¿Quién venía a turbar el plan de nuestro héroe?
¿Quién osaba interrumpir a Doña Poses en su rollito con el pajero sin pelo?
¿Vendrían en busca de bracicorto?

Tú decides como siempre en la encuesta de la derecha.

viernes, 15 de febrero de 2008

Mal momento sin duda

No sé si me queda ya algún lector ocasional de las aventuras de Rummeo (debo un par de capítulos al menos) o siquiera algún despistado que se cuele en este blog de vez en cuando. El caso es que no está siendo un buen momento para dedicar al blog, o tal vez sí según se mire.

La cuestión es que mi mejor amigo se encuentra hospitalizado después de que el martes le operaran del hígado para repararle una vena que se había colapsado. Hasta aquí podría ser un caso de muy mala suerte o la consecuencia lógica de un dipsómano empedernido como es el sujeto en cuestión. Sería un susto que preocuparía a los amigos unos días y del que luego, meses después, lo comentaríamos como anécdota o incluso batallita de guerra.
El problema es cuando le añadimos un melanoma detectado hace año y medio y lo que es peor, la palabra metastasis. Joder como cambia la película cuando incluyes esa palabra en la ecuación, porque una cosa es tener un problema en el hígado y otro muy distinto tener cáncer de hígado con posibilidades de extenderse.

Aún estoy en estado de shock, ese mismo día hablaba con él y me intercambiada mails con chorradas y dos días después le voy a visitar al hospital para encontrármelo con dos vías puestas y requiriendo oxígeno artificial de tanto en cuando. Eso sí, sigue siendo él, animando más a los demás que nosotros a él y bromeando cuando al resto se nos han acabado los chistes. El hombre de horchata como le llamo yo, siempre más positivo que nadie y sin un lamento en la boca o una mueca de rabia ante la situación.

Podría comentar el tópico de siempre de que no se merece lo que le está pasando, que es la mejor persona que he conocido jamás y que me ha aguantado a mí (y a mucha otra gente pero sobretodo a mí) lo que no está escrito en este mundo. Podría decir como por fin después de mucho peregrinar ha encontrado el amor y se va a casar este año para cumplir el sueño de su vida de formar una familia. Podría describir como ayer nos arremolinábamos sus amigos entorno a su cama porque sin duda si algo le sobran son amigos que le quieren.

Pero no me da la gana, no voy a hablar de él en esos términos porque sería pensar que le va a pasar algo y no me sale de los cojones que sea así. He compartido toda mi vida desde los 10 años con ese tío, todas las cosas importantes (buenas y malas) que me han pasado desde la muerte de mi padre, pasando por mi primer amor o mi primer trabajo hasta mi cambio de vida a Madrid y la decisión de casarme. No tenemos ya secretos o sueños por compartir porque es como, bueno no como, es el hermano que nunca tuve.

El otro día vi una película muy bonita, “El diario de Noah”, en la que decían una frase muy famosa que me viene al pelo: “La ciencia llega hasta donde llega y luego está Dios”.

Si se llega a ese punto y todo lo que puede salir mal, sale mal, espero que esté Él ahí esperando para hacer que los dados de la vida salgan esta vez favorables. Aunque tenga que hacer trampas, pero que se quede con nosotros. Por favor.