No sé si me queda ya algún lector ocasional de las aventuras de Rummeo (debo un par de capítulos al menos) o siquiera algún despistado que se cuele en este blog de vez en cuando. El caso es que no está siendo un buen momento para dedicar al blog, o tal vez sí según se mire.
La cuestión es que mi mejor amigo se encuentra hospitalizado después de que el martes le operaran del hígado para repararle una vena que se había colapsado. Hasta aquí podría ser un caso de muy mala suerte o la consecuencia lógica de un dipsómano empedernido como es el sujeto en cuestión. Sería un susto que preocuparía a los amigos unos días y del que luego, meses después, lo comentaríamos como anécdota o incluso batallita de guerra.
El problema es cuando le añadimos un melanoma detectado hace año y medio y lo que es peor, la palabra metastasis. Joder como cambia la película cuando incluyes esa palabra en la ecuación, porque una cosa es tener un problema en el hígado y otro muy distinto tener cáncer de hígado con posibilidades de extenderse.
Aún estoy en estado de shock, ese mismo día hablaba con él y me intercambiada mails con chorradas y dos días después le voy a visitar al hospital para encontrármelo con dos vías puestas y requiriendo oxígeno artificial de tanto en cuando. Eso sí, sigue siendo él, animando más a los demás que nosotros a él y bromeando cuando al resto se nos han acabado los chistes. El hombre de horchata como le llamo yo, siempre más positivo que nadie y sin un lamento en la boca o una mueca de rabia ante la situación.
Podría comentar el tópico de siempre de que no se merece lo que le está pasando, que es la mejor persona que he conocido jamás y que me ha aguantado a mí (y a mucha otra gente pero sobretodo a mí) lo que no está escrito en este mundo. Podría decir como por fin después de mucho peregrinar ha encontrado el amor y se va a casar este año para cumplir el sueño de su vida de formar una familia. Podría describir como ayer nos arremolinábamos sus amigos entorno a su cama porque sin duda si algo le sobran son amigos que le quieren.
Pero no me da la gana, no voy a hablar de él en esos términos porque sería pensar que le va a pasar algo y no me sale de los cojones que sea así. He compartido toda mi vida desde los 10 años con ese tío, todas las cosas importantes (buenas y malas) que me han pasado desde la muerte de mi padre, pasando por mi primer amor o mi primer trabajo hasta mi cambio de vida a Madrid y la decisión de casarme. No tenemos ya secretos o sueños por compartir porque es como, bueno no como, es el hermano que nunca tuve.
El otro día vi una película muy bonita, “El diario de Noah”, en la que decían una frase muy famosa que me viene al pelo: “La ciencia llega hasta donde llega y luego está Dios”.
Si se llega a ese punto y todo lo que puede salir mal, sale mal, espero que esté Él ahí esperando para hacer que los dados de la vida salgan esta vez favorables. Aunque tenga que hacer trampas, pero que se quede con nosotros. Por favor.
La cuestión es que mi mejor amigo se encuentra hospitalizado después de que el martes le operaran del hígado para repararle una vena que se había colapsado. Hasta aquí podría ser un caso de muy mala suerte o la consecuencia lógica de un dipsómano empedernido como es el sujeto en cuestión. Sería un susto que preocuparía a los amigos unos días y del que luego, meses después, lo comentaríamos como anécdota o incluso batallita de guerra.
El problema es cuando le añadimos un melanoma detectado hace año y medio y lo que es peor, la palabra metastasis. Joder como cambia la película cuando incluyes esa palabra en la ecuación, porque una cosa es tener un problema en el hígado y otro muy distinto tener cáncer de hígado con posibilidades de extenderse.
Aún estoy en estado de shock, ese mismo día hablaba con él y me intercambiada mails con chorradas y dos días después le voy a visitar al hospital para encontrármelo con dos vías puestas y requiriendo oxígeno artificial de tanto en cuando. Eso sí, sigue siendo él, animando más a los demás que nosotros a él y bromeando cuando al resto se nos han acabado los chistes. El hombre de horchata como le llamo yo, siempre más positivo que nadie y sin un lamento en la boca o una mueca de rabia ante la situación.
Podría comentar el tópico de siempre de que no se merece lo que le está pasando, que es la mejor persona que he conocido jamás y que me ha aguantado a mí (y a mucha otra gente pero sobretodo a mí) lo que no está escrito en este mundo. Podría decir como por fin después de mucho peregrinar ha encontrado el amor y se va a casar este año para cumplir el sueño de su vida de formar una familia. Podría describir como ayer nos arremolinábamos sus amigos entorno a su cama porque sin duda si algo le sobran son amigos que le quieren.
Pero no me da la gana, no voy a hablar de él en esos términos porque sería pensar que le va a pasar algo y no me sale de los cojones que sea así. He compartido toda mi vida desde los 10 años con ese tío, todas las cosas importantes (buenas y malas) que me han pasado desde la muerte de mi padre, pasando por mi primer amor o mi primer trabajo hasta mi cambio de vida a Madrid y la decisión de casarme. No tenemos ya secretos o sueños por compartir porque es como, bueno no como, es el hermano que nunca tuve.
El otro día vi una película muy bonita, “El diario de Noah”, en la que decían una frase muy famosa que me viene al pelo: “La ciencia llega hasta donde llega y luego está Dios”.
Si se llega a ese punto y todo lo que puede salir mal, sale mal, espero que esté Él ahí esperando para hacer que los dados de la vida salgan esta vez favorables. Aunque tenga que hacer trampas, pero que se quede con nosotros. Por favor.
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