Buenas a todos,
Sin duda alguna este es uno de los mails más difíciles que me ha tocado escribir en mi vida y eso que he tenido que comentar aberraciones del pelo de la despedida de Igor, la mía propia o la de Loredo. Por no hablar de las cenas de fin de año en casa de este último dónde el saber estar brillaba por su ausencia.
Como algunos avezados lectores os estaréis imaginando, me toca hablar de la caída de un mito, del descubrimiento del verdadero vellocino de oro, del día que conocí a Afrikaner, la supuesta novia de Pelukín Durelas. El día de autos fue el pasado sábado en la Latina al mediodía más o menos. Algunos ya tendréis noticias del evento porque el día anterior Liburu y Laia, entre muerdo y muerdo, pudieron conocer de primera mano a la susodicha. No hagáis caso de nada de lo que os dijeron, sabéis que soy el único ajeno a las farsas. Es cómo preguntar algo a la Fábrica, no podéis fiaros de nadie que tenga el cerebro tan hasta arriba de peyote que no pueda diferenciar entre montar una yegua o montar una cabra.
No sabía muy bien cómo ir vestido para la ocasión y si iba a necesitar traductor de mozambiqueño o no, así que para que no se sintiera fuera de su hábitat, me puso un taparrabos de hoja de parra, una lanza y practiqué un poco el tam-tam por si acaso. La primera imagen fue la que todos esperábamos: dos personas andando a unos 20 centímetros de distancia, sin darse la mano por su puesto y como si apenas se conocieran. Como intuíamos Durelas es de los que piensan que por dormir con una persona no le da derecho a que le mires a la cara, Santi es el capitán de este equipo por cierto.
Los que pensaban que Truji vestiría como una pijaza horrenda se llevarán una honda decepción, la vestimenta era normal e incluso la podríamos tildar de modernilla. Es bien parecida por lo que las probabilidades de que el follador de engendros le entre aumentan (aunque bien pensado esta certeza no dice mucho sobre el aspecto físico de Afrikaner la verdad). Es capaz de comunicarse en un rudimentario castellano que curiosamente mejora a la medida que aumenta la ingesta de Mojitos, al final podía entenderla sin que me diera dolor de cabeza. Un punto muy grande y que me dio la seguridad de que encajará perfectamente en el grupo es que ya desde el primer momento ha demostrado su capacidad para invitar a auténticos paratas a las quedadas, el outsider que se sacó de la chistera fue de primera división. El fulano era también oriundo de Senegal, más calvo que Dativo en verano y con unos dientes cubiertos de lo que en un principio parecían protuberancias o granos y que acabaron revelándose como unos brackets transparentes. El marrajo me pareció profundamente maricón en un principio, luego sospeché que sólo era un tío más raro que Julen y acabé convencido de que era un gandul sopla nucas por como cogía los mojitos con un dedito levantado. Los sarasas siempre acaban descubriéndose cuando se confían. Si tenías la desgracia de conocerle no habléis de la feria de Sevilla a no ser que llevéis catiuscas, suele romper aguas.
Como bien ha dicho Julen, me tuve que poner la careta de encantador para desplegar todo mi repertorio de tonterías y hacer que se sintiera a gusto. Ni que decir tiene, una vez entrados en materia ya nos pudimos relajar y pasar al deporte nacional del grupo: despellejar a todo aquél que no esté en ese momento. Todo fue bastante bien hasta que cometió un error imperdonable que me recordó a mis peores pesadillas de las fiestas de Algorta (sí me refiero a esa blasfemia llamada “Txozna sin alcohol”), se pidió una coca cola light después de la cuarta caña. Es cierto que podía haber sido peor y pedir un mosto o incluso una coca cola sin cafeína pero la verdad es que en el momento me dolió, por no decir que me ofendió incluso. Lo más razonable habría sido acabar con esa farsa en ese momento y acabar con el seguro futuro sufrimiento del chaval pero decidí en mi magnanimidad, emular a Tripomorfo y pensar que sí él la había aceptado con su tara, yo también podría intentarlo.
Me alegro de esa decisión porque es verdad que después de ese error se recuperó al instante, para aplicarse una sucesión de Caipirinhas que harían sentirse orgulloso al mismísimo Toñi, el Ayatolá de las copas de trago. En fin, la tarde transcurrió de bar en bar y de mojito en mojito tratando diversos temas. Mi aporte de humillación a Durelas (en ese momento estaba ya en versión hijo de Satán con los ojos totalmente inyectados en sangre, de arcada horrible) fue contarle a Truji el inicio del mito de Durelas, la famosa patada voladora a la nuez en fiestas de Bilbao. Al principio Julen intentó enmascarar la verdad comos suele hacer, tergiversando los hechos y tratando de salir al paso. Pero ante la presión acabó confesando que fue una de las experiencias más humillantes y aterradoras de su vida. La mano trémula de ella cogiendo la de Julen para consolarle fue el preludio de la verdadera tragedia que tuve que presenciar poco después, agarraros porque vienen curvas muy sinuosas.
Nos estábamos yendo ya hacía el metro, cuando Julen en un alarde de sabiduría totalmente impropio de él, me endosó al tío raro para andar por delante quedándose con Afrika un poco más atrás. Ese fue mi primero error, dejar que me hiciera la pantalla para poder aclarar cerca del aro, el segundo y más grave error fue mirar hacia atrás en un semáforo para ver si nos seguían. Fue mirar y ver como dos personas supuestamente adultas se daban un lote quinceañero total en mitad de la calle, si llega a ser en el Retiro se hubieran revolcado como animales en la hierba seguro. No sabéis lo que es ver a un tío que hace dos días jugaba a emular a McGyver a hacer de doble de Rocco en mitad de la calle. Una experiencia totalmente abrupta y desoladora.
En fin, quitando este paréntesis debo reconocer que la tía me cayó muy bien y que tiene posibilidades de superar el filtro de Tripomorfo. No es seguro pero está ahí. En una primera cita no me atreví a hacerle test más serios como su capacidad para aguantar las historias del submarino de Fontán o el ABC de Loredo pero creo que lo veréis razonable. Poco a poco.
Sin duda alguna este es uno de los mails más difíciles que me ha tocado escribir en mi vida y eso que he tenido que comentar aberraciones del pelo de la despedida de Igor, la mía propia o la de Loredo. Por no hablar de las cenas de fin de año en casa de este último dónde el saber estar brillaba por su ausencia.
Como algunos avezados lectores os estaréis imaginando, me toca hablar de la caída de un mito, del descubrimiento del verdadero vellocino de oro, del día que conocí a Afrikaner, la supuesta novia de Pelukín Durelas. El día de autos fue el pasado sábado en la Latina al mediodía más o menos. Algunos ya tendréis noticias del evento porque el día anterior Liburu y Laia, entre muerdo y muerdo, pudieron conocer de primera mano a la susodicha. No hagáis caso de nada de lo que os dijeron, sabéis que soy el único ajeno a las farsas. Es cómo preguntar algo a la Fábrica, no podéis fiaros de nadie que tenga el cerebro tan hasta arriba de peyote que no pueda diferenciar entre montar una yegua o montar una cabra.
No sabía muy bien cómo ir vestido para la ocasión y si iba a necesitar traductor de mozambiqueño o no, así que para que no se sintiera fuera de su hábitat, me puso un taparrabos de hoja de parra, una lanza y practiqué un poco el tam-tam por si acaso. La primera imagen fue la que todos esperábamos: dos personas andando a unos 20 centímetros de distancia, sin darse la mano por su puesto y como si apenas se conocieran. Como intuíamos Durelas es de los que piensan que por dormir con una persona no le da derecho a que le mires a la cara, Santi es el capitán de este equipo por cierto.
Los que pensaban que Truji vestiría como una pijaza horrenda se llevarán una honda decepción, la vestimenta era normal e incluso la podríamos tildar de modernilla. Es bien parecida por lo que las probabilidades de que el follador de engendros le entre aumentan (aunque bien pensado esta certeza no dice mucho sobre el aspecto físico de Afrikaner la verdad). Es capaz de comunicarse en un rudimentario castellano que curiosamente mejora a la medida que aumenta la ingesta de Mojitos, al final podía entenderla sin que me diera dolor de cabeza. Un punto muy grande y que me dio la seguridad de que encajará perfectamente en el grupo es que ya desde el primer momento ha demostrado su capacidad para invitar a auténticos paratas a las quedadas, el outsider que se sacó de la chistera fue de primera división. El fulano era también oriundo de Senegal, más calvo que Dativo en verano y con unos dientes cubiertos de lo que en un principio parecían protuberancias o granos y que acabaron revelándose como unos brackets transparentes. El marrajo me pareció profundamente maricón en un principio, luego sospeché que sólo era un tío más raro que Julen y acabé convencido de que era un gandul sopla nucas por como cogía los mojitos con un dedito levantado. Los sarasas siempre acaban descubriéndose cuando se confían. Si tenías la desgracia de conocerle no habléis de la feria de Sevilla a no ser que llevéis catiuscas, suele romper aguas.
Como bien ha dicho Julen, me tuve que poner la careta de encantador para desplegar todo mi repertorio de tonterías y hacer que se sintiera a gusto. Ni que decir tiene, una vez entrados en materia ya nos pudimos relajar y pasar al deporte nacional del grupo: despellejar a todo aquél que no esté en ese momento. Todo fue bastante bien hasta que cometió un error imperdonable que me recordó a mis peores pesadillas de las fiestas de Algorta (sí me refiero a esa blasfemia llamada “Txozna sin alcohol”), se pidió una coca cola light después de la cuarta caña. Es cierto que podía haber sido peor y pedir un mosto o incluso una coca cola sin cafeína pero la verdad es que en el momento me dolió, por no decir que me ofendió incluso. Lo más razonable habría sido acabar con esa farsa en ese momento y acabar con el seguro futuro sufrimiento del chaval pero decidí en mi magnanimidad, emular a Tripomorfo y pensar que sí él la había aceptado con su tara, yo también podría intentarlo.
Me alegro de esa decisión porque es verdad que después de ese error se recuperó al instante, para aplicarse una sucesión de Caipirinhas que harían sentirse orgulloso al mismísimo Toñi, el Ayatolá de las copas de trago. En fin, la tarde transcurrió de bar en bar y de mojito en mojito tratando diversos temas. Mi aporte de humillación a Durelas (en ese momento estaba ya en versión hijo de Satán con los ojos totalmente inyectados en sangre, de arcada horrible) fue contarle a Truji el inicio del mito de Durelas, la famosa patada voladora a la nuez en fiestas de Bilbao. Al principio Julen intentó enmascarar la verdad comos suele hacer, tergiversando los hechos y tratando de salir al paso. Pero ante la presión acabó confesando que fue una de las experiencias más humillantes y aterradoras de su vida. La mano trémula de ella cogiendo la de Julen para consolarle fue el preludio de la verdadera tragedia que tuve que presenciar poco después, agarraros porque vienen curvas muy sinuosas.
Nos estábamos yendo ya hacía el metro, cuando Julen en un alarde de sabiduría totalmente impropio de él, me endosó al tío raro para andar por delante quedándose con Afrika un poco más atrás. Ese fue mi primero error, dejar que me hiciera la pantalla para poder aclarar cerca del aro, el segundo y más grave error fue mirar hacia atrás en un semáforo para ver si nos seguían. Fue mirar y ver como dos personas supuestamente adultas se daban un lote quinceañero total en mitad de la calle, si llega a ser en el Retiro se hubieran revolcado como animales en la hierba seguro. No sabéis lo que es ver a un tío que hace dos días jugaba a emular a McGyver a hacer de doble de Rocco en mitad de la calle. Una experiencia totalmente abrupta y desoladora.
En fin, quitando este paréntesis debo reconocer que la tía me cayó muy bien y que tiene posibilidades de superar el filtro de Tripomorfo. No es seguro pero está ahí. En una primera cita no me atreví a hacerle test más serios como su capacidad para aguantar las historias del submarino de Fontán o el ABC de Loredo pero creo que lo veréis razonable. Poco a poco.
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