viernes, 2 de noviembre de 2007

Encrucijada

En la vida de toda persona suceden momentos en los que nos enfrentamos a decisiones importantes, claves incluso. Ya sean un tanto banales como elegir entre el croissant o el Donut mañanero o más relevantes como declarar ese amor imposible a la chica que no te mira ni a la cara o que dice de ti eso tan doloroso de “somos buenos amigos”.
En estos momentos yo mismo me enfrento a una de estas encrucijadas, uno de esos momentos en los que tengo que tomar una decisión que si bien no va a marcar el resto de mi vida (tampoco es tan importante) sí que va a marcar mi vida por unos cuantos meses o años. Los más Sherlock ya sabrán a qué me enfrento: al cambio de curro.

Una visión rápida del tema pondría de manifiesto una solución harto evidente resumida en un título cinematográfico tan conocido como “Escape de Alcatraz”. Tampoco es que mi curro esté dirigido por Darth Vader ni me azoten el ojete cada vez que entro por la puerta pero digamos que estaba acostumbrado a otra cosa en el curro anterior.
Los últimos ocho meses me los he pasado en Matrix, donde nada es en realidad como debería ser y sólo yo conozco el mundo real que está ahí fuera. Lo peor es que la programación de este Matrix es una basurita que ha creado un mundo virtual mortalmente aburrido y lento, mortalmente lento.

Por suerte para mí yo tengo a mi propio Morfeo personificado en un compañero de curro que como yo, ha conocido el mundo real y sabe perfectamente qué se cuece en este currelo. A diferencia de mí, él domina mucho mejor la programación, aprendió Kun- Fu mucho más rápido y sabe usar el sistema en su propio beneficio, yo no tengo ni la paciencia ni las ganas de reprogramar este mundo para que aparezcan más mujeres vestidas de rojo.

Por suerte para mí he visto un gato negro que ya había visto segundos antes, un dejá vu que me va a permitir cambiar las cosas y recrear la situación en la que me encuentro. Todavía no hay nada definitivo y quedan cosas en el aire que no están del todo claras pero al menos es un comienzo. Es cierto que no es lo mismo conocer el camino que andar el camino pero al menos sí sé que es lo quiero hacer.

Y si no puede ser porque el arquitecto me gana la partida, al menos tengo a mi Trinity particular para que me cure las heridas. Sin olvidar que Sion cayó una y otra vez, con lo que siempre tendré otra oportunidad.

Os seguiré contando.

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