miércoles, 7 de noviembre de 2007

Semana III: Empieza el Mambo

Rummeo no podía decepcionar a sus admiradores y sin embargo amigos, si esas pequeñas bestias se habían tragado el jarabe infecto que nuestra afectuosa camarera, en lo sucesivo “zorra maloliente” nos había puesto, él debía hacer lo mismo.

Cogió el vasito con decisión y gallardía, se tomó un segundo de demora para reunir hasta el último gramo de su fuerza y con un rápido movimiento insertó el malicioso líquido garganta abajo. Por un momento se sintió desfallecer, las tres copas no estaban siendo suficientes para paliar el efecto venenoso de esa mierda, por un instante quiso simular un accidente para salir del paso e incluso estuvo a punto de romperle la cara a Papel Cebolla cuando este bromeando le dio un pellizco en el estómago que casi le arranca medio intestino. Nuestro amigo estaba pasando una cueva inhumana, el infierno blanco se cernía sobre él cuando sucedió algo que cambió de manera dramática la noche, por el rabillo del ojo y justo antes de capitular, nuestro héroe vio una especie de flashes que provenían de la entrada del bar.

El hombre del mazo hizo su presencia en el grupo golpeándonos con furia en nuestras conciencias y dejándonos acojonados ante la visión de un elenco de diosas divinas que entraban en el garito a cada cual más espectacular. Lo que más les llamó la atención a Rummeo fue el comportamiento anómalo de las susodichas, en concreto de dos de ellas, rubias con ojos claros que parecían muy ocupadas en una sesión fotográfica privada o imaginaria ya no había nadie con una cámara. Eran capaces de hablar entre ellas y a la vez estar atentas a cualquier individuo que se cruzara en su camino que les rozara o mirara por casualidad. Cuando sucedía algo así dejaban de hablar e inmediatamente se arreglaban el pelo, ladeaban la cara y ponían morritos al interfecto para acto seguido seguir con su animada conversación. Una de ellas, de pelo rizado a mechas y morritos de Dikembe, lo complicaba aún más ya que era capaz de hacer todo eso y además fumar cinco cigarros a la vez a dos manos. Ni que decir tiene que nuestro héroe quedó rendido a sus pies en el acto, admirado por su belleza y por su habilidad para fichar a todo lo que se movía en 30 metros a la redonda.

El grupo de chavalas no acababa en estas dos que vivían bajo la presión de los focos sino que se completaba con otros dos hermosos seres igualmente peculiares. Una de ellas vestía con la ropa de su hermana pequeña con lo que la ropa interior hubiera dado igual que se la hubiera puesto encima porque se veía igualmente. El pechamen amenazaba con salir de sus órbitas lo que produjo que la jauría de amigos de Rummeo empezará a ponerse ciertamente nerviosa. Los perros de Paulov no creo que babearan tanto como estos muchachos, alguno como Monóculo tuvo que ponerse de lado para admirarlas ya que los dos ojos los tenía prácticamente cerrados, en versión Bruce Lee con un aspecto cada vez más siniestro. Niño bonito empezó a bufar ostensiblemente como un torito pidiendo paso mientras Chico perro se rascaba por detrás de la oreja con el pie intentado alejar una garrapata. Rummeo intervino rápidamente antes de que empezaran a tirar monedas en la “huchita” que sobresalía por detrás de su pantalón. Sin duda no hubiera sido la mejor de las presentaciones.

El grupo de féminas lo completaba una muchacha morena ataviada con dos paipais y que recitaba algún tipo de mantra ininteligible. El banquero barbudo comentó que oía claramente como decía: “te lo voy a dar, te pongas como te pongas te lo voy a dar”, el chico pensó que el tema iba dirigido a él con lo que la barba le pasó de naranja a granate en pocos segundos. La presión de los botones de las braguetas amenazaban con entrar en Defcon 2 muy cerca del punto de no retorno, había que hacer algo si no querían ver una lluvia de botones con olor a cojón por la discoteca. Rummeo a pesar de estar viviendo su propio mundito interior por el efecto del chupito, decidió que era el momento de ejecutar una acción envolvente para que la despampanante rubia le hiciera caso. De ningún modo podía confiar en la caterva de infrahumanos que le acompañaban, al menos no podía si seguían en grupo ya que sus defectos individuales se acentuaban visiblemente. Sin embargo si lograba que las chavalas entraran en el corro de las patas no veía dificultades en hacer que la rubia dejara su reportaje fotográfico un segundo para poder asombrarla con su presencia.

La única manera era jugársela a una única carta, así que aprovechando que las zagalas estaban también en la barra se armó de valor y pidió otra ronda de chupitos infectos pero no sólo para ellos sino también para ellas. Automáticamente y como si les alumbraran con unis focos, las dos rubias se dirigieron a Rummeo con sus morritos brillantes al tiempo que soltaban un graaaaciassssss increíblemente estirado manteniendo siempre la boca ligeramente entreabierta. Nuestro héroe sólo tenía ojos para su pricesita bereber, gracias a dios monóculo estaba ahí para romper su ensoñación antes de que cometiera una tontería y a voz en grito le comentó: “se te ha puesto la broca a punto de ebullición ¿verdad?”. Tamaña finura desestabilizó ligeramente el ánimo de Rummeo y provocó una desbandada generalizada del grupo de tías.

El panorama no estaba nada claro, por un lado el cruce de miradas entre los grupos era evidente aunque también era cierto que las chavalas estaban en el centro del bar metiendo más fichas que la Pantoja en un casino de Marbella por lo que todo el mundo las miraba. La competencia era atroz pero el grupo parecía dispuesto a reaccionar: Monóculo daba vueltas sobre sí mismo buscando el mejor ángulo para ver algo, Papel Cebolla peinaba pelos imaginarios para intentar ganar confianza, Niño perro estaba en plan machorro exudando feromonas y Niño Bonito y el Banquero Barbudo jugaban al quién es quién con la psicópata de la camarera. Sin duda estábamos listos pero no estábamos seguros de la mejor estrategia de ataque.

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