jueves, 24 de enero de 2008

Nosotras parimos nosotras decidimos

Qué gran slogan para un tema tan controvertido e importante como es el del aborto. Ciertamente consigue lo que pretende, que el mensaje se transmita de manera clara y directa: “nosotras lo sufrimos durante 9 meses y por tanto tenemos derecho a decir sobre algo que está dentro de nuestro cuerpo”. Lástima que la realidad sea en muy pocas ocasiones o casi nunca tan sencilla.

Consideraciones religiosas aparte, el aborto siempre me ha parecido que adolece de grandes problemas. El primero es la premisa pro abortista de que los fetos antes de poder considerarse seres humanos sujetos por tanto a la ley (de modo que no te los puedes cargar alegremente) deben pasar un tiempo de existencia a modo de limbo, cifrado en un número de meses según la Ley del Aborto. ¿Cómo se puede determinar ese periodo de tiempo? Si decimos que son 2 meses, ¿son dos meses siempre?, ¿no vale 2 meses y un segundo?, ¿dos meses menos un segundo? Cualquiera puede oponer que en algún lugar hay que poner el límite pero claro, hablando de vidas humanas este argumento se debilita notablemente.

Fascinante me resulta también la idea de que el hecho de parir o de llevar dentro una criatura te convierta en propietario absoluto de la misma, de modo que puedas disponer de él (o “eso” según ellos) como quieras. ¿Si das a luz y no cortas el cordón umbilical también sigue siendo parte de ti? ¿Acaso educar no es lo que verdaderamente te convierte en padre? ¿Un bebe de dos meses no es igual de dependiente que un nonato? La línea divisoria entre todo esto es tan fina que me asombra la capacidad que tiene la gente para poner límites a conceptos tan complejos como estos.

Por supuesto que hay situaciones o casos verdaderamente terribles de juzgar y no seré yo quién se atreva a decir que una niña de 13 años violada y embarazada no deba / pueda abortar. Es muy complicado establecer qué es peor, si el remedio o la enfermedad, estimar qué futuro le espera a esa niña y a su hijo y cuál es la mejor opción. Personalmente aconsejaría tenerlo y darlo en adopción si no se está preparado para ser madre (difícilmente se está a los 13 años y menos después de esa experiencia traumática) pero claro, los toros se ven muy bonitos desde la barrera. En cualquier caso, nunca esgrimiría un argumento tan débil como “no es un niño todavía, hace falta que se le vea como te hace un corte de mangas cuando le metes la jeringa abortiva” o “ está dentro de mí así que dispongo de él como me venga en gana”. Es muy curioso como la ley no permite el suicidio, que al fin y al cabo sólo te perjudica a ti mismo, pero sí permita que te cargues a otra persona impunemente.

Las pancartas de ayer de “nosotras parimos, nosotras decidimos” me recordaron inmediatamente a una etiquetitas con otro slogan igual de directo o incluso más: “No a la guerra”. Así en absoluto, con dos cojones y un casco azul en la cabeza. En un mundo idílico las cosas serían así, no habría guerras, todos nos querríamos muchísimos y el amor se expandiría por el mundo. Aunque claro, en un mundo así tampoco se necesitarían esa tontería de etiquetas. Es evidente que las guerras no son buenas para nadie y que suponen un trauma para uno o varios países que marcaran el futuro inmediato y no tan inmediato de sus sociedades. Lo que pasa es que en ocasiones y por triste que sea para el género humano, no hay más solución que el conflicto armado. No hace falta recordar las II Guerras Mundiales (o quizás sí visto lo visto), algo tan simple como el concepto de defensa propia sirve para ilustrar esta idea. Si hubieran escrito “No a la guerra de Irak” podría discutirse el tema porque había argumentos a favor y en contra del conflicto, pero un simplista “no a la guerra” además de demagógico, fácil y oportunista resulta cuanto menos infantil. Por no comentar, el lugar en el que se expuso que no era el apropiado como tampoco lo eran los emisores del mensaje. No a la guerra pero sí a ponerme hasta las cejas de todo lo que pillara en los 80, ¿verdad amigos? Zapatero a tus zapatos.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Acertadas reflexiones.

Le llamaban Tabaco dijo...

Gracias Vermont, no me suelen dejar comentarios y hasta me hace ilusión saber que alguien entra en el blog de vez en cuando.

Le llamaban Tabaco dijo...

Gracias Vermont, no me suelen dejar comentarios y hasta me hace ilusión saber que alguien entra en el blog de vez en cuando.