Joder pues sí que fue intensa la jodida cena de mastuerzos, no ha habido tanta carne descerebrada junta desde la última gira de Rocío Durcal en Soria. Hubo momentos muy entrañables, otros emotivos y alguno que otro terrorífico incluso, como diría “Sólo Loewe” (Loredo) lo estamos haciendo muy bien.
De entre tantos momentos mágicos a mí me gustaría destacar una pequeña muestra:
El momento en que el fantasma de la ópera ovetense entró por la puerta…. Nadie daba un duro por él a principios de semana pero allí estaba con su único ojo sano y sus manos de pianista de Parada. Por cierto, todos sabemos que las fotos de su cámara jamás llegarán a nuestras retinas, gracias César, gracias por nada.
Drama y pasión desató la ensalada de pato, fue ponerla en la mesa y una miríada de tenedores cayeron sobre ella sin ningún tipo de piedad. Gracias a Dios que una de las manos de cada comensal estaba agarrada firmemente a su respectiva copa de vino si no, no sé que hubiera sido aquello. Minipunto para Dativo que consiguió tener un kilo de lechuga entrando y saliendo de la boca al mismo tiempo….. he visto Gargantuas más finos.
Nadie olvidará tampoco mi “pequeño” siroco en el Puerto en el que quería matar al amigo de los niños conocido como Paco – Paquito – Paquete, pero lo que pocos saben es que antes de ir a por él, se me acercó un chiquillo con la careta de Amuriza que me susurró “por mí vamos a por ellos y nos rompemos la cara”. Muy bien Santi, la próxima vez lleva un soplete al Windsor a ver si triunfas más.
Como olvidar chascarrillos como Cierra reventándome la paleta y acto seguido el negrata segurata flipando porque un desequilibrado estaba pateando todo lo que veía en el baño mientras enseñaba su diente roto a quién quisiera verlo o no. Lo mejor es que Santi no se enteró de nada e iba por la discoteca buscando a quien me hubiera roto el diente mientras mi paleta sangrante dormía dulcemente incrustada en su codo.
Momento Memento el día post juerga en la que todo el mundo se acordaba de haber estado con alguno de nosotros pero no con los demás, tendría su gracia si no hubiéramos estado todos juntos compartiendo medio metro cúbico y lanzando a tías por los aires…
En fin que hubo de todo y para todos, el clavo que tenía al día siguiente me deja bastante claro que estuvo muy bien. Sólo una cosa: ¿qué fue de Julían? Quiero decir, ¿realmente estuvo allí o lo soñamos entre todos? ¿Fue la misma pesadilla que la camisa de Emilio? ¿Acaso olía igual que el perro de Loredo? ¿Tenía tantas crucecitas como la cocina de Antonio? Son muchas las preguntas y muy pocas las respuestas pero en fin supongo que habrá que esperar a la siguiente reunión de maricones.
Por cierto como sé que no dormís de la preocupación os diré que ya me han reparado la piñata y me siento como esos maricas juveniles (Nacho, Garmendia, Monteja…) que por fin ven la luz de la verdad de mano de una buena hembra o de un buen bote de vasela, he vuelto a nacer.
Que os follen gustosamente a todas nenas.
P.D.: Gallifante al que la acierte: “¿Cuántas hostias vamos a darnos esta Noche Vieja entre nosotros para ver quien liga más con la camarera del Manhattan? Se abren las apuestas, hay dientes en juego. Cocineros enamorados recientes con más pelo en la cara que Locomía no cuentan.
De entre tantos momentos mágicos a mí me gustaría destacar una pequeña muestra:
El momento en que el fantasma de la ópera ovetense entró por la puerta…. Nadie daba un duro por él a principios de semana pero allí estaba con su único ojo sano y sus manos de pianista de Parada. Por cierto, todos sabemos que las fotos de su cámara jamás llegarán a nuestras retinas, gracias César, gracias por nada.
Drama y pasión desató la ensalada de pato, fue ponerla en la mesa y una miríada de tenedores cayeron sobre ella sin ningún tipo de piedad. Gracias a Dios que una de las manos de cada comensal estaba agarrada firmemente a su respectiva copa de vino si no, no sé que hubiera sido aquello. Minipunto para Dativo que consiguió tener un kilo de lechuga entrando y saliendo de la boca al mismo tiempo….. he visto Gargantuas más finos.
Nadie olvidará tampoco mi “pequeño” siroco en el Puerto en el que quería matar al amigo de los niños conocido como Paco – Paquito – Paquete, pero lo que pocos saben es que antes de ir a por él, se me acercó un chiquillo con la careta de Amuriza que me susurró “por mí vamos a por ellos y nos rompemos la cara”. Muy bien Santi, la próxima vez lleva un soplete al Windsor a ver si triunfas más.
Como olvidar chascarrillos como Cierra reventándome la paleta y acto seguido el negrata segurata flipando porque un desequilibrado estaba pateando todo lo que veía en el baño mientras enseñaba su diente roto a quién quisiera verlo o no. Lo mejor es que Santi no se enteró de nada e iba por la discoteca buscando a quien me hubiera roto el diente mientras mi paleta sangrante dormía dulcemente incrustada en su codo.
Momento Memento el día post juerga en la que todo el mundo se acordaba de haber estado con alguno de nosotros pero no con los demás, tendría su gracia si no hubiéramos estado todos juntos compartiendo medio metro cúbico y lanzando a tías por los aires…
En fin que hubo de todo y para todos, el clavo que tenía al día siguiente me deja bastante claro que estuvo muy bien. Sólo una cosa: ¿qué fue de Julían? Quiero decir, ¿realmente estuvo allí o lo soñamos entre todos? ¿Fue la misma pesadilla que la camisa de Emilio? ¿Acaso olía igual que el perro de Loredo? ¿Tenía tantas crucecitas como la cocina de Antonio? Son muchas las preguntas y muy pocas las respuestas pero en fin supongo que habrá que esperar a la siguiente reunión de maricones.
Por cierto como sé que no dormís de la preocupación os diré que ya me han reparado la piñata y me siento como esos maricas juveniles (Nacho, Garmendia, Monteja…) que por fin ven la luz de la verdad de mano de una buena hembra o de un buen bote de vasela, he vuelto a nacer.
Que os follen gustosamente a todas nenas.
P.D.: Gallifante al que la acierte: “¿Cuántas hostias vamos a darnos esta Noche Vieja entre nosotros para ver quien liga más con la camarera del Manhattan? Se abren las apuestas, hay dientes en juego. Cocineros enamorados recientes con más pelo en la cara que Locomía no cuentan.
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