jueves, 21 de mayo de 2009

¿Stress? Test

Los resultados del stress test sobre los 19 bancos más importantes de E.E.U.U. han sido motivo de discusión durante las últimas semanas e incluso meses. Las dudas sobre la confianza y fiabilidad de los resultados aparecieron prácticamente desde el inicio. Tiene cierta lógica el desconfiar de la dureza de los escenarios propuesto ya que el gobierno americano no publicaría unos resultados escandalosos que devolvieran al mercado al estado post-Lehman de pánico y desconfianza extrema. Por el contrario, nadie les ha obligado a hacerlo ni mucho menos a hacerlo público con lo que algo de optimismo debían reflejar los datos que manejaban en el gobierno americano para jugar esta arriesgada baza.

En cualquier caso, el guión se ha cumplido a la perfección toda vez que las filtraciones han sido continuas en los últimos días. El gobierno americano ha ido desmadejando poco a poco el ovillo de hilo y permitiendo que el mercado fuera asimilando la imagen del sistema bancario que quieren dar. Esta imagen por supuesto tiene que ser fiel a la confianza mostrada desde hace semanas en que la salida a la recesión podía estar más cerca de lo previsto y que quizás no está todo tan mal como parece.

¿Cuál es el problema entonces? El problema está en que por mucho que cerremos los ojos para no ver el problema, este no va a desaparecer por sí sólo. El stress test real dependerá de la evolución del paro americano, de los niveles de consumo y de la evolución del mercado inmobiliario, todo lo demás es papel mojado. Los dos últimos datos del PIB americano son bastante desoladores por mucho que el mercado de equity se empeñe en ver el vaso medio lleno (si han sido tan malos, los siguientes sólo pueden ser mejores y además es algo que ya ha pasado y está descontado) y en confiar en la tramposa aportación del consumo privado. La realidad es que los ingresos totales y el ahorro de los americanos sigue cayendo por mucho que el one off de los impuestos haya aumentado su renta disponible. Estamos en las mismas que los resultados bancarios del primer trimestre, la confianza en que las mesas de tesorería puedan aprovechar el entorno del mercado para seguir salvando los resultados es más bien escasa.

Mientras tanto el tiempo va pasando y entre planes Geithner, TARPs, y stress tests, hemos pasado casi medio año y devuelto las Bolsas a los números azules en el año. Poco a poco, el mercado se va creyendo y empapando de la confianza que le insufla el tesoro americano y empieza a hablarse menos de la Gran Depresión y más de cuándo saldremos de la recesión. Tanta confianza en un mundo que va a decrecer a nivel global, que se enfrente a un proceso de de-leveraging que tardará años y no meses en completarse y que tiene el grave problema de cómo deshacer el exceso de capacidad productiva creada en los años de bonanza, es cuanto menos temerario.

En cualquier caso, no deberíamos sorprendernos tanto la reacción de los mercados de equity ya que los procesos de euforia se retroalimentan a si mismos y cuanta más inercia adquieren más difícil resulta pararlos. Los mismo círculos viciosos que provocaron y aceleraron las caídas durante el año y medio pasado pueden darse la vuelta y convertirse en círculos virtuosos. Un buen ejemplo lo tenemos en el indicador itraxx crossover que ha funcionado bastante bien como termómetro de esta crisis. El indicador que mide el coste de asegurarse o avalar una cartera de crédito (en este caso de bonos de baja calidad aunque los hay de otros tipos) fue creciendo a medida que la situación se deterioraba. Esto tenía el efecto de segunda ronda de empeorar la valoración de los activos de este tipo que tenían los bancos en sus balances (aumenta el spread y por tanto disminuye el precio). Ahora vivimos la situación contraria en la que la mejora del índice por un lado apunta una recuperación de la confianza y por otro alivia el estado de los balances bancarios.

Esta ha sido la jugada del gobierno americano, anunciar con mucho tiempo el test y cuando las cosas pintaban muy mal para poco a poco ir insuflando de confianza al mercado por todas las vías posibles, de modo que la foto que salga al final tampoco importe demasiado. Una jugada arriesgada, no olvidemos que en su momento llegaron a pedir la cabeza de Geithner pero que atacaba directamente el mayor problema del mercado: la desconfianza extrema entre los diferentes agentes económicos.

Aún es pronto para saber si esos casi 75 billones de dólares que el stress test refleja que son necesarios para 10 de los 19 principales bancos, son un reflejo real de las necesidades de capital o se han quedado cortos. De momento, el mercado ha dictado sentencia acudiendo de manera masiva a las ampliaciones de capital de Morgan Stanley y Wells Fargo. Queda por comprobar si salvar a los 19 principales bancos es suficiente teniendo en cuenta la complejidad y profundidad de un sistema bancario como el americano y sobretodo si esta salvación se contagiará a la raíz del problema, la banca gris o shadow banking.

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